miércoles, 4 de mayo de 2011

CARLOMAGNO


De acuerdo con su voluntad expresa, el cadáver de Carlomagno (742-814) fue embalsamado ataviado con sus ropajes reales de gala, con una corona sobre la cabeza, un cetro en una mano y la otra sujetando un Evangelio encuadernado en oro que reposaba en sus rodillas. Sentado en su trono de mármol, permaneció en una cripta bajo la cúpula de la catedral de Aix-en-Provence.

Este sepulcro fue profanado en diversas ocasiones, la primera de las cuales fue protagonizada por Otón III (980-1.002), quien se contentó con llevarse una cruz de oro y pedrería que el cadáver tenía sobre el pecho. Poco después, Federico I Barbarroja (1.122-1.190) le despojó de todo cuanto de valor le rodeaba, aunque, eso sí, a cambio, le hizo canonizar. En total, el cuerpo embalsamado de Carlomagno permaneció en este trono durante unos cuatrocientos años, hasta que en 1.215 el rey Federico II (1.194-1.250) ordenó que fuera enterrado en un ataúd de oro y plata en la catedral de Aquisgrán.

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